CONSERVACIÓN

Los puros selectos deben tratarse como los mejores vinos, ya que son igualmente sensibles al entorno. En realidad, son los frutos maduros de una combinación rigurosamente controlada de temperatura y humedad. Los puros son biológicos y no sobreviven bajo condiciones adversas a la planta de tabaco que fueron en su día; por eso deben conservarse en condiciones parecidas a las que tuvo el tabaco durante su cultivo, fermentación y su torcido. Los puros, quizás los objetos más preciosos, deben guardarse en un lugar oscuro y con menores variaciones climáticas posibles, es decir, en un humidor.

En el interior de un humidor existe un microclima, en el que, el grado de humedad no es uniforme, pese a los orificios o ranuras dispuestos para que circule el aire y no se deformen las tablillas y los contrachapados; todo esto permite “gestionar” su humidor, colocando los puros más secos lo más alejado posible de la fuente de humedad para que se hidraten lenta y uniformemente.

La conservación de los puros es una de las claves, de la experiencia de degustar un Habano, e influirá decisivamente en el tiro, el sabor y la combustión. En realidad, el mayor problema que encontrará para conservar sus puros será el de poder estabilizar la temperatura entre 16º y 18º, ya que los humidores no contienen un mecanismo destinado a tal fin, como en el caso de las cavas. No obstante, debe tener claro que un humidor es una sabia inversión, que le compensará con un buen mantenimiento de sus Tabacos.

¿Qué es un humidor?

Es una caja o un recipiente que, aunque cerrado, se construye para permitir una mínima ventilación, y está dotado de un dispositivo para mantener en su interior una humedad relativa constante y un mecanismo que mide la humedad, llamado higrómetro. Por fuera, estará construido como un buen piano: con bisagras y una tapa firme, equilibrada y que no vuelque la caja. También se le conoce con el nombre de humectador. (Vea la variedad que tenemos en Humidores).

Humidor

Higrómetro

Higómetro

Higrostrato

Higrostrato

La temperatura a que deben almacenarse los puros oscila entre 16 a 18 grados y una humedad relativa del 65 al 70 por ciento; esta recreación del clima tropical evita que éstos se vuelvan secos y frágiles, y consigue conservarlos durante más tiempo. El humidor es una fuente permanente de humedad y de presión atmosférica para su tabaco. Todos disponen de un sencillo dispositivo (higrostato), que suele consistir en una esponja o tubo plástico, que libera lentamente la humedad; antiguamente se utilizaban corazones de manzana.

¿Qué humidor elegir?

1º.- La capacidad: debe ser adecuado a la cantidad y tamaño de los puros que desee guardar (no tenga en cuenta si está destinado a 50, 100, 150 ó más unidades, puede que sean de vitolas de menor tamaño que las que usted degusta normalmente). De todas formas, cómprelo de un tamaño algo mayor del que haya previsto en un principio.

2º.- Su construcción: examine si las ensambladuras son perfectas o las esquinas no están bien cuadradas, no lo compre; preste también atención al reborde del cierre y a la tapa, que deben encajar bien, pero no herméticamente (ya que el aire debe renovarse); rechace los que presentan alguna deformación visible.

3º.- El peso: debe estar compensado, una tapa muy pesada puede ser un inconveniente, abierta en exceso arrastraría el cuerpo del humidor desparramando los puros y poco abierta podría pillarle los dedos.

4º.- El giróstato: lo importante es que no se olvide de rellanarlo con agua periódicamente.

5º.- Su interior: a ser posible elija uno forrado con madera de cedro, ya que tiene propiedades llamadas higroscópicas (absorbe y libera humedad) y favorece la fusión de los tabacos que componen el puro; las bandejas facilitan la organización y rotación de los cigarros.

6º.- Su transportabilidad: los humidores de mayores dimensiones deberían llevar asas, por si hay que desplazarlos para ofrecer a los invitados.

7º.- Su seguridad: nunca está de más un cerrojo o una cerradura (deje siempre un juego de llaves fuera…).

¿Cómo cuidar su humidor?

Solo debe tener en cuenta dos reglas: mantener la tapa o puerta cerradas y rellenar periódicamente el higrostato. Utilice agua destilada, ya que el agua del grifo suele contener sales minerales que pueden alterar las propiedades higroscópicas de su humidor. No lo exponga al sol, sobre el radiador o cerca de un aparato de aire acondicionado; en el primer caso, deformarían la madera; en los otros dos, le harían trabajar en exceso para mantener la humedad estable.

Los escarabajos del tabaco: aunque se fumiga durante su elaboración, sus huevos pueden permanecer latentes en el interior y provocar estragos si logran salir del huevo con el calor del humidor. Examine todos los puros para detectar los agujeros y elimine los que están dañados.

El escarabajo del tabaco (adulto)

Evite otras posibles infestaciones, guardando los puros sanos en el congelador y dentro de una bolsa de plástico; antes de devolverlos a temperatura ambiente, téngalos unos días en el congelador (unas 48 horas) y 24 horas más en el refrigerador. El cambio de temperatura debe ser gradual o, si no, la capa de los puros se desprenderá. Limpie bien el humidor para que vuelva a ser un lugar seguro.

Otro problema, el moho: de color verde azulado y aspecto desagradable. Si esto ocurre deberá sacrificar los puros afectados, así como limpiar a fondo y airear el humidor. A veces, como resultado de los aceites que emanan los puros al envejecer, aparecen manchas grisáceas o blanquecinas en la capa. En estos casos, limpie las manchas con un paño suave.

Recuperar sus puros secos: Tras secarse la capa, el capote y las hojas de la tripa, el tabaco requiere tratamientos de terapia intensiva, que no siempre resultan.

En un artículo de Alberto Soria, en mipunto.com, opina que es importante que Ud. no sienta que eso le pasó por descuidado o inexperto. Los cigarros se le secan a todo el mundo. A los fanáticos que compran muchos, a los conocedores que adquieren varias cajas y que siempre comenten un descuido porque el humidor no funcionó, o porque se distrajeron en el viaje, y también a los consumidores regulares porque los persigue la señora o la hija, porque lo pusieron a dieta y también le suspendieron el tabaco, y porque el humidor le quedó pequeño.

Así como no hay conocedores de vinos al que no se le malogre una botella, no hay amante de los puros y habanos que no fume seco. El problema de la humedad es constante en la mayoría de las ciudades. En el Caribe es el fantasma que genera la reposición constante de los inventarios.

Los aficionados al habano pacientes, recomiendan rechequear el humidor, e intentar con paciencia y delicadeza ir rotando los más secos desde los extremos hacia el centro. Si esto no resulta (como seguramente ocurrirá) un tratamiento de terapia intensiva, que el sentido común ha puesto en boga es convertir el baño de su casa en un baño turco dejando la ducha caliente abierta, y los cigarros expuestos para que el vapor los alcance. No funciona. Otro método lógico es ponerlos en la nevera dentro de una bolsa de plástico. No funciona. Meterlos de contrabando en la bata con la que en el gimnasio penetra a la sauna, suena también lógico. No funciona.

La forma que mejor me ha resultado a la hora de recuperar un puro seco es: Se ponen los cigarros dañados en una bolsa de plástico de cierre hermético, y a ésta se le hacen muchos agujeros pequeños por las dos caras. Después esta bolsa agujereada en que se ha acostado al enfermo, se coloca dentro de otra que contiene una pequeña esponja húmeda (No chorreando agua, sino húmeda). Después de una semana, se abren las bolsas y se colocan los puros o habanos ya hidratados en el humidor. Lo más sensato es que después no espere semanas para degustarlo.

Agradecemos su preferencia.

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