EL ARTE DEL HUMO

 

Saborear un habano es comparable a catar un buen vino; así, los fumadores expertos hablan de “degustar” el sabor del humo, ya que las glándulas gustativas son el mejor conductor del placer de un TABACO CUBANO. Una bocanada, en la que se paladean la complejidad y la lograda combinación de los sabores presentes en un tabaco, es comparable al placer que provoca un vino excelente o una comida exquisita.

 

Los clubs y bares de habanos están floreciendo en las principales ciudades del mundo. Londres, por su capacidad de comercio y consumo, es la meca. La prohibición de fumar en los sitios públicos de Estados Unidos ha ocasionado un crecimiento explosivo de los locales para puros. Sobre ellos actúa como faro la revista Cigar Aficionado, con una tirada mensual de 750.000 ejemplares. En Europa, donde las opiniones sobre el degustar un habano son más liberales, los pocos clubes que existen siempre han sido para el verdadero goce de los puros, más que un refugio de activistas de la causa.

Donde quiera que usted se encuentre, no le tomará mucho tiempo apreciar que, el amante de los habanos vive y convive en ambientes de camaradería. Ese ambiente es mucho más amable, más culto y más perfumado.

Los HABANOS hacen posible disfrutar una experiencia única, y ello, por los siguientes motivos:

Son muy pocas las variedades de tabaco que se usan para elaborarlo, cuyo cultivo y añejado son extremadamente cuidadosos.

El proceso de fermentación de las hojas hace que éstas pierdan gran parte del amoniaco que contiene la hoja.

Los puros están diseñados para arder a temperaturas muy bajas, es decir, el tabaco no debe carbonizarse ni calentarse en exceso, para que no pierda su suavidad.

El humo no es un elemento secundario, sino la clave del placer. En él residen el sabor y el aroma de un puro, cuando entra y sale de la boca y deja latente su sabor particular (una sensación no expresable con palabras, sólo con humo, las más efímeras de todas las sustancias).

Respecto al sabor: aunque los cuatro sabores básicos son el dulce, agrio, salado y amargo, el humo de los puros puede presentar una variedad infinita de ellos (con matices similares a los utilizados por los catadores de vinos: ácido, áspero, suave, fuerte, con cuerpo, rico y equilibrado); un mismo puro puede presentar varios matices de sabor y cada uno de ellos poseer su propio cuerpo e intensidad (haciendo que cada bocanada tenga su propio gusto y regusto). Además, el habano cambia su sabor a medida que se degusta, e incluso el sabor puede variar si se disfruta acompañado de determinadas comidas, licores o personas.

Pero, aparte del sabor, los HABANOS se pueden disfrutar también con el olfato, la vista y el tacto. En definitiva, un cúmulo de placeres que mantendrán al degustador hechizado toda una vida.

EL PLACER DE DEGUSTAR UN HABANO

1º.- Llévese el puro encendido a los labios y, antes de dar la primera bocanada, sople a través del mismo para expulsar todo sabor desagradable producido por el encendido.

. 2º.- hecho esto, llene su boca con el humo frío y reténgalo sin inhalarlo; retire el puro de la boca y suelte el humo lentamente; antes de dar la siguiente bocanada, aguarde unos instantes.

3º.- no lo deguste precipitadamente, sino a intervalos de un minuto más o menos para que el puro no se apague.

4º.- cuanto más rápido lo deguste menos placentera será la experiencia, ya que el puro se calentará en exceso y tendrá un sabor amargo.

5º.- La cabeza del puro debe estar lo más seca posible, por lo que evitará tenerlo en la boca demasiado tiempo (no lo masque ni lo sostenga entre los dientes mientras esté realizando otra actividad); un puro húmedo empieza a perder sabor cuando el alquitrán y la nicotina se mezclan con la saliva; no lo sostenga en la boca más de tres minutos durante la fumada.

6º.- el sabor que tiene la primera mitad del puro es distinta a la de la segunda, la cantidad de humo aumenta y el sabor se intensifica, lo que no siempre es positivo, SOLO SI LO DEGUSTA CON CALMA Y LE DA TIEMPO PARA DISFRUTARLO.

Este momento se produce tras haber degustado una tercera parte del puro (los fumadores expertos perciben el momento en que el puro ha desprendido su verdadera esencia y lo apagan satisfechos, antes de llegar a ese momento; otros, que nunca abandonan, acabarán por tener una sensación desagradable en la boca, cuando el sabor del puro llegue a su máxima agrura); asimismo, el olor que desprenderá, no hará más que justificar las quejas de los que se oponen al placer.

7º.- sujete el puro suave pero firmemente; no lo aplaste con los dedos como un cigarrillo (a fin de no deteriorarlo y obstruir el tiro); debe utilizar el dedo pulgar, el índice y el corazón.

8º.- para sacudir la ceniza acumulada, tome una calada a fin de encender el pie y dé un toque pequeño de la ceniza en le cenicero; lo ideal es dar un golpe en seco, que deje al descubierto el pie del puro encendido, eso se logra sin tocar el cenicero solo con los dedos.

9º.- el cenicero debe ser el lugar final de reposo de un puro; déjelo apagar por sí solo, se consumirá rápidamente y generará el mínimo olor.

Apagándolo con los dedos o aplastándolo sobre el cenicero, solo esparcirá más restos de tabaco y, con ello, humo desagradable. El olor a puro fumado y frío no es, precisamente, una fragancia y, por ello, es aconsejable no dejar los puros acabados en lugares cerrados; además, el maravilloso y largo proceso de elaboración de un HABANO merece nuestra consideración pues pasa mucho tiempo para que le gran embajador de Cuba llegue a sus manos.

10º.- a veces, disfrutar de su HABANO se torna complicado: a) puede que el puro no tire bien (por una ligada demasiado prieta, al haberse formado un andullo en la tripa que bloquee el trayecto del humo o por exceso de humedad), entonces su sabor es inferior y tiene tendencia a apagarse. b) un puro con poca tripa corre el riesgo de quemarse y resultar áspero, a causa de la gran cantidad de humo que generará en muy poco tiempo. c) puede que un puro se consuma con demasiada rapidez y de modo no uniforme alrededor de la capa, bien a causa de una pobre elaboración o de una humectación inadecuada. Esto sucede cuando compramos tabacos falsos, ya que quien los vende, no le importa su cliente. Ante estas situaciones, lo mejor es transmitir sus quejas al tabaquero que se los vendió.

En el tabaco original es probable que un puro le salga malo, ya que esta hecho por personas y es totalmente artesanal pero es poco probable que le suceda. Tenga cuidado con las tiendas que le den el mejor precio, solo son un escaparate de venta y se dedican a timar; EL HABANO TIENE UN COSTO, COMO CUALQUIER PRODUCTO DE LUJO.

El tiempo reservado para degustar un habano, es tiempo perdido si lo emplea en otra cosa.

MÍSTICA DEL HABANO

Existen muchas razones por las que disfrutamos un buen HABANO. A veces nos proporciona un sentido de placer al celebrar el nacimiento de un hijo, un matrimonio, un ascenso, o simplemente complementar una buena comida. Encender un cigarro especial, destapar una botella de buen vino o champagne, todos representan para nosotros la búsqueda de la buena vida.

Degustar HABANOS tiene diferentes significados para la gente que los fuma. Para algunos, representa el símbolo de un status que en tiempos remotos estaba reservado para la aristocracia y los ricos. Hoy en día, toda clase de hombre puede disfrutar de un buen cigarro, al igual que una botella de buen vino, una cerveza holandesa importada, o whisky escocés añejo. Para el profesional joven, que ha tenido éxito, fumar HABANOS es un modo de demostrar uno de los símbolos de su éxito e individualismo.

Desde el presidente de una corporación, al actor de Hollywood, al profesional joven, así, como el ciudadano común, pueden todos disfrutar un buen HABANO. ¿Y por qué no? Si su presupuesto no permite el consumo de HABANOS caros en forma regular, entonces se puede disfrutar un buen HABANO de entre los menos caros.

A un nivel más introspectivo, un buen HABANO nos brinda la calma requerida cuando estamos solos al final del día. Disfrutamos la soledad en compañía de un tabaco al pasar ese momento de reflexión y contemplación, que nos ayuda a estar en paz con nosotros mismos.

No hay duda que la mística de un buen Habano ha proporcionado deleite espiritual a los fumadores por más de 150 años. En el agitado mundo de hoy, donde la palabra stress, se ha convertido en parte indispensable del mundo contemporáneo de alta tecnología en que vivimos, un buen Habano después de la comida ha llegado a simbolizar una forma de consuelo y compañerismo confortante. Afortunadamente, el consumo de Habanos ha trascendido las fronteras sociales, culturales, económicas y políticas. En ausencia de la convergencia de puntos de vista cordiales en la escena del mundo político de los últimos cincuenta años, los buenos tabacos, especialmente los habanos, han llegado a representar uno de los pocos denominadores comunes entre la gente de diferente orientación y persuasión política.

Lenin, Fidel Castro y Che Guevara, a los conservadores como Winston Churchill, John Wayne y Nubar Gulbenkain, todos han disfrutado la mística del Habano. ¿Y quien sabe lo que dedujeron de sus Habanos mientras tomaban decisiones importantes? Imagino que lo primero que dijeron al pensar fue: que buen habano está en mi boca.

En el campo de la literatura, a Mark Twain le encantaban los tabacos, especialmente los Habanos. Rudyard Kipling en The Betrothed se entusiasma locamente por los Habnos Por Larrañaga, Henry Clay y Partagas. Somerset Maugham encomió los placeres de un Habano como uno de los mejores placeres por él conocidos. Su sueño era que algún día, cuando tuviese dinero suficiente, disfrutaría un cigarro después del almuerzo y la cena. Su sueño se hizo realidad.

A Nubar Gulbenkain, uno de los hombres más ricos del mundo en la década de los 60, le preguntaron una vez que cómo podía, como buen capitalista, seguir fumando tabacos cubanos cuando Cuba se había convertido en un estado comunista revolucionario. Su respuesta fue que aunque el mismo diablo llegase a ser dueño de Vuelta Abajo (en Pinar del Rió, donde se producen los mejores cigarros del mundo) seguiría fumando Habanos.

El habano ha sido como un amigo y buen compañero para muchos artistas, autores y líderes del mundo. Esto nos recuerda las ahora famosas palabras proferidas por el gerente de la tabaquería Dunhill a Winston Churchill durante el ataque relámpago a Londres: “Sus Habanos están a salvo, Señor”.

La vida de Winston Churchill representaba la grandeza del espíritu humano. Había estado expuesto al tabaco habanero en su propio imperio, durante un viaje que hizo a Cuba en 1895. A partir de esa ocasión, raras veces se veía sin su famoso tabaco. Durante toda su vida, (vivió 91 años) Churchill sujetaba un cigarro en casi toda función pública que asistía: visitando un buque de guerra británico, mientras pasaba revista a las tropas en África, durante la Segunda Guerra Mundial, en Yalta con Stalin y Roosvelt, y aún después de perder las elecciones ante Clement Atlee después de la guerra. Hay fotografías que representan a Churchill disfrutando su gran Habano doble corona mientras pinta o pone ladrillos en su jardín.

Winston Churchill ciertamente era, en espíritu, un hombre renacentista. Su dominio supremo del idioma inglés, su arte, su juicio estratégico durante la guerra, y su valerosa y elocuente oratoria, sustentaban e inspiraban al pueblo británico en sus horas más funestas. Y su amado Habano era su eterno compañero en momentos de tristeza y triunfo.

El dijo: siempre tengo el sabor de Cuba en mi boca.

RITUAL

En todo ritual se observa un acto de profunda concentración y respeto, es un instante de introspección que otorga una conexión, íntima y verdadera con todo lo que nos rodea.

Degustar un Habano significa sentir y apreciar el aroma, el sabor, las formas del humo y la pausa hechizante que transfiere al fumador, que lo vive como una ceremonia íntima. Así observa los movimientos propios de un instante sagrado, realizando con delicadeza y concentración todos los pasos abrir el humidor o tomar el cigarro en las manos, encenderlo a conciencia, y degustarlo lentamente para percibir todos los matices y las significantes variaciones en su sabor y aroma, hasta que el puro se apague por sí mismo.

Los amantes de los puros son conocidos por su aprecio a las buenas comidas, vinos y licores y eligen la combinación más apropiada para cada momento particular. Algunos aconsejan que el mejor momento para degustar un puro es después de las comidas, acompañando al postre, el café, junto a un cognac, licor o champagne. No importa en donde o cuando, sino disfrutar de la relajación y satisfacción de degustar un buen Habano.

LA CENIZA

La ceniza es señal sobre algunas de las características de su puro. Un puro que se enrolla bien, puede quemarse despacio y crea una ceniza tiesa entre dos a tres pulgadas de longitud sin doblarse o romperse. Se parece al propio puro excepto en que es gris.

En caso de que la ceniza se queme o se quiebre rápidamente, probablemente no fue torcido debidamente. Si el color ceniza empieza a variar en tonos más oscuros seguramente la mezcla de la hoja no cumplía estándares normales de calidad.

La calidad del humo no es afectada por la longitud de la ceniza. Un sabor caliente o amargo, o cualquier otro tipo de variaciones que ocurran mientras esta degustando el puro, son indicaciones de calidad pobre, bien sea en la mezcla de la hoja o en el enrollado. Un gran puro de calidad normalmente puede fumarse más allá de la Venda.

A veces, cuando usted deguste un puro después de la anilla, el sabor empezará a ser amargo. La mayoría de los expertos recomiendan abandonarlo, pero es aconsejable tener más paciencia, permitir que se queme suavemente en el cenicero apropiado. Un puro bueno puede mantener sus lentas cualidades ardientes de 3 a 5 minutos sin ser resoplado. Bastante a menudo se quemará más allá del alquitrán, resurgiendo su maravilloso sabor original.

LA ELECCIÓN

Todos los aficionados hemos afrontado nuestras primeras compras de puros con un nerviosismo similar al de otras “primeras experiencias”; no se tiene claro qué preguntar, cómo coger los Habanos, qué marcas debemos pedir etc… No se preocupe, que no cunda el pánico: no hay posibilidad de cometer errores al elegir un puro, es cuestión de gustos y, además, los buenos vendedores de puros siempre están dispuestos a dedicar su tiempo para asesorar a los principiantes.

De todas formas, siempre le dará mayor seguridad seguir estos consejos:

* Elija un buen proveedor: será uno de los profesionales más importantes de su vida, le aconsejará, le informará de nuevas marcas y productos, podrá hacerle encargos especiales conservará en su cava su propio stock de puros etc. Para elegirlo hágase preguntas: ¿cómo almacena sus puros?, ¿es un buen conversador? ¿Le dedica parte de su tiempo?

* Para empezar, le sugerimos probar un Habano; ¿qué marca y vitola probar?: su proveedor habitual le guiará, nosotros nos decantamos por dos vitolas: corona y petit corona (ambas de cepo 42 y longitudes 142 y 129, respectivamente). Elija una de ellas y pruebe su sabor en diferentes marcas.

* El siguiente paso es el sabor (suave o fuerte): si Vd. degusta más de un Habano diario, éstos deben tener un sabor similar o ir incrementándolo a lo largo del día. Nunca deguste un Habano suave después de uno de sabor más fuerte, ya que no podrá apreciarlo.

* El sabor de un Habano se intensifica a medida que se fuma, con frecuencia su fortaleza no se percibe hasta que se encuentra por la mitad, por eso, debe seleccionar el largo de su cigarro según el tiempo que tenga para degustarlo.

* Los Habanos de calibre grueso arden más lentamente y tienden a tener un sabor más acentuado que los finos.

* El color de las capas puede variar de unas caja de Habanos a otra, de maduro a claro; los que creen que los Habanos de capas oscuras poseen un sabor más fuerte no tienen razón: es la liga de las hojas que integran la tripa, la que dicta el sabor; si acaso, las capas oscuras son más dulces al paladar si se comparan con las claras.

* La forma de los Habanos es, básicamente de dos tipos: los parejos (rectos) y los figurados (irregulares).

* Esté atento a los caracteres de la capa.

* El color debería ser homogéneo, sin manchas, pero las solares serían válidas.

* A pesar de que el puro no debe tener excesivos filamentos, los de las hojas son parte característica e indicadores de su origen: por ejemplo la capa Camerún produce una sensación rugosa al tacto y tiene más filamentos que la capa Connecticut, cuya textura es más lisa.

* Una capa cuyo brillo es aceitoso, indica que ha sido bien curada y humedecida; bajo una humedad del 70%, el tabaco segrega el aceite y adquiere una textura sedosa, esto ocurre solo con el Habano. Un puro seco, quebradizo o con fisuras en la capa, es del todo inaceptable.

* La textura de un puro es también importante: debe sujetarlo con delicadeza (por el pie, para no dañar la perilla) y compruebe que no tiene ninguna parte dura o blanda (que evidenciaría la pobre elaboración de la tripa, lo que afectaría al tiro).

* El peso puede revelar si el torcido es apretado o suelto y si el tiro resultará más o menos fácil.

¿Qué cantidad comprar?

La respuesta depende de su bolsillo, pero lo normal es que desee comprar más de un cigarro; en ese caso, la petaca (un paquete de cinco unidades) es una buena oportunidad para adquirir varios puros a mejor precio; Las cajas de 25 unidades: examine la caja atentamente para asegurarse de que todos los puros son del mismo color, una muestra de la precisión del fabricante. En algunos casos, el nombre del puro indica el estuche en que éste está guardado: por ejemplo un 8-9-8 toma el nombre del método de distribución de los puros en tres filas (8 en la parte inferior, 9 en el centro y 8 en la superior); el término Amatista se refiere al recipiente de cristal con 50 unidades. También existen los tubos individuales, empaquetados en tubos herméticos de aluminio, cristal o madera. Nuestro consejo es que en su primera compra adquiera una selección de coronas o petit coronas de varias marcas, a fin de ir conociendo la variedad existente, pudiendo más tarde comprar ya una petaca o una caja de la que más le haya satisfecho.

ENCENDIDO

Encender un Habano es un acto de celebración, un brindis; el modo de encenderlo determinará su sabor y combustión y, por este motivo, resulta muy importante hacerlo como es debido. Con un puro en una mano y un encendedor (o fósforo de madera) en la otra, da comienzo el ritual que comparten todos los amantes del Habano. Hágalo despacio y con cuidado. Recuerde que el acto de encender un Habano, pasar de la llama a la primera bocanada, es una de las ceremonias más íntimas al degustar; y para poder disfrutarla plenamente, se precisa habilidad, concentración y delicadeza.

La llama nunca debe tocar el puro; nunca sumerja el pie del puro en la llama, ya que si lo hace el tabaco se convertiría en carbono y su sabor a quemado permanecerá desde la primera a la última calada. Tampoco sujete el puro con la boca, manténgalo a una distancia de medio centímetro por encima de la llama y en ángulo de 45 grados. Poco a poco, haga girar el puro hasta que el borde del pie se queme por igual, formando un anillo de brasa uniforme; una vez encendido, sople con cuidado hasta que las ascuas se recubran de un círculo de ceniza perfecto.

Encender un habano es un arte sutil que requiere paciencia y mucha atención para asegurarse que todo el borde está encendido; si el círculo no prende por igual, la combustión tampoco resulta uniforme. En caso de formarse el efecto túnel (en que una parte quema más deprisa que la otra), ya no podrá fumar el puro de forma adecuada. Cuando las cenizas rodeen la capa y las espirales de humo empiecen a ascender, se inicia el siguiente paso.

Ahora, eche ligeras bocanadas y gire el puro justo por encima (no dentro) del extremo de la llama, para encender todo el círculo exterior. Si el puro prende bien, la 1ª bocanada será la más intensa y gratificante; algunos aficionados, antes de esa bocanada, suelen soplar brevemente sobre el cigarro para así expulsar el posible mal sabor del encendido, debido al azufre de las cerillas o al gas del mechero. Felicidades, ya ha encendido su tabaco. Con el rito del encendido, el fumador muestra su respeto y aprecio, y el habano responde ofreciendo un instante privado de sumo placer.

Las cenizas son una señal sobre algunas de las características de su puro. Un Habano que se enrolla bien, puede quemarse despacio y crea una ceniza tiesa entre dos a tres pulgadas de longitud sin doblarse o romperse. Se parece al propio tabaco, excepto en que es gris.

En caso de que la ceniza se queme o se quiebre rápidamente, probablemente no fue torcido debidamente. Si el color ceniza empieza a variar en tonos más oscuros seguramente la mezcla de la hoja no cumplía estándares normales de calidad.

La calidad del humo no es afectada por la longitud de la ceniza. Un sabor caliente o amargo, o cualquier otro tipo de variaciones que ocurran mientras esta degustando el puro, son indicaciones de calidad pobre, bien sea en la mezcla de la hoja o en el enrollado. Un gran tabaco de calidad normalmente puede fumarse más allá del anillo.

A veces, cuando usted deguste un puro después de la anilla, el sabor empezará a ser amargo. La mayoría de los expertos recomiendan abandonarlo, pero es aconsejable tener más paciencia, permitir que se queme suavemente en el cenicero apropiado. Un puro bueno puede mantener sus lentas cualidades ardientes de 3 a 5 minutos sin ser resoplado. Bastante a menudo se quemará más allá del alquitrán, resurgiendo su maravilloso sabor original.

¿Qué hacer si el puro se apaga?

A veces, un puro bien encendido puede apagarse mientras lo fuma; esto puede ocurrir si olvida durante algunos minutos darle una bocanada. En todo caso, “que no cunda el pánico”, no es un sacrilegio y además, lleva menos tiempo reencender un puro apagado que encender otro nuevo.

Lo primero que debe hacer es sacudir la ceniza y soplar con cuidado para comprobar que el puro está apagado. Si no sale humo, caliente el pie del puro, haciéndolo al girar sobre la llama para eliminar el alquitrán y, ahora enciéndalo de nuevo; al encender el borde de la capa, puede que el puro ya haya prendido.

No deje apagar su tabaco para terminarlo al día siguiente, su sabor rancio y su exagerada fuerza le harán olvidar el placer de la degustación anterior. Si se ve obligado a encender varias veces el mismo puro, puede que esté mal torcido; tenga en cuenta que los mejores Habanos se elaboran a mano, (no a máquina), con una materia prima que conserva gran parte de su estructura irregular natural; a pesar de que los controles de calidad son rigurosos, puede que llegan al mercado algunos que no estén en las mejores condiciones. Otra posibilidad, es que su puro se apague por un exceso de humedad, ya que ésta dificulta el tiro.

LOS UTENSILIOS DEL ENCENDIDO

Antes que nada, lo primero es saber lo que no debe utilizar al encender un cigarro puro:

Nunca lo encienda con una llama que alterare sus cualidades: por tanto, no use una vela ya que los vapores desprendidos por la cera caliente darán al tabaco un sabor desagradable; tampoco use un mechero de gasolina, por el mismo motivo. De todas formas, si insiste en usarlos, prenda con ellos una astilla de cedro (las encontrará en las cajas de puros) y encienda el puro con ésta.

Las cerillas son habituales en el encendido de los puros; úselas de madera, extra largas y sin azufre. Si no las encuentra y usa las cortas normales, tenga a mano una caja entera. Asegúrese de que la llama haya quemado el azufre antes de encender y use dos a la vez, obtendrá una llama más gruesa

Los encendedores especiales para los habanos permiten un encendido más regular; funcionan a base de un gas inodoro y generan llamas más anchas (algunos incluso disponen de doble llama) y un regulador de intensidad. Existen modelos de los más variados tipos, formas y materiales. Para elegir uno, los criterios son: potencia, adaptabilidad a la mano y la facilidad de manejo.

ELEGANCIA

El buen aficionado al Habano debe tener siempre en cuenta a los que no lo son y ahorrarse el calificativo de zafio e irrespetuoso. Para evitarlo siga los consejos de Marvin R. Shanken, en su magnífico libro “Puros, manual para sibaritas”:

EL AFICIONADO ENTRE NO FUMADORES

La regla de oro es no compartir el humo de su puro con quien no sepa apreciarlo. A parte de esta regla evidente, tenga en cuenta que desde noviembre de 1999 está prohibido fumar en lugares públicos. Esto no obstante, recuerde: 1º.- que no debe fumar en ascensores, vestíbulos u otros lugares cerrados; 2º.- si fuma en un lugar público con buena ventilación y donde no esté prohibido, pero alguien se queja con educación, le resultará más fácil cambiar de lugar que defender sus derechos; 3º.- en casa, hay que vaciar los ceniceros y ventilar la casa, a fin de evitar el olor rancio que dejan las colillas y las cenizas; 4º.- debe cuidar su ropa, ya que los puros, una vez fumados, la impregnan de un fuerte olor.

EL AFICIONADO ENTRE OTROS AFICIONADOS

Entre aficionados, las normas de buen gusto son:

1º.- no se ofrece una ronda de puros, al igual que una de cigarrillos.

2º.- nunca eche el humo hacia otra persona, aunque sea hacia otro aficionado.

3º.- devuelva al momento el cortapuros y/o encendedor que le presten.

4º.- no ofrezca a nadie un puro ya cortado sin su consentimiento, (el corte es un asunto muy personal).

5º.- no se ofrezca a dar fuego a nadie si no se lo solicita (el encendido es algo tan personal como el corte).

6º.- no dé por hecho que debe dar lecciones a una mujer, solo por serlo, hay verdaderas expertas.

7º.- si quiere retirar la anilla del puro, no lo haga hasta que llegue al último tercio.

8º.- nunca coja un puro de un humidor si no se lo han ofrecido, trate el humidor ajeno como con el mismo respeto y discreción que merecen un diario personal o una caja fuerte.

9º.- en los círculos de fumadores, “sírvase usted mismo” significa “coja uno”, no se llene los bolsillos a menos que se le invite a hacerlo.

10º.- experimente, si viaja a un lugar donde elaboran puros, pruébelos aunque lleve consigo su marca favorita (si quiere llevarse a casa unas cajas, pregunte cuantas puede pasar en la aduana sin problemas).

11º.- en los nacimientos de sus hijos, sea generoso y reparta los puros con orgullo.

Agradecemos su preferencia.

CONTACTENOS